viernes, 22 de julio de 2016

Ella: la palabra, de Orlando Pichardo




Entramos en un nuevo día, en las recomendaciones de libros de poesía, esta vez, nos adentraremos en la obra: Ella: la palabra, editada por la Fundación Editorial El perro y la rana, de Orlando Pichardo, quién fuera en vida, poeta, actor y dramaturgo (Barquisimeto, Edo. Lara; 1946-2015), que obtuvo en su carrera literaria dos Premios Municipales de Poesía: Héctor Vera, en Mérida (1986) y el Antonio Arráiz, en Barquisimeto (1998) y un Premio Poesía Ecológica de la Universidad Yacambú, en 2001. Publicó nueve poemarios: La palabra que tengo (1979), Delamar (1987) Reconciliación de lo real y lo imaginario (1990), Calendario secreto (1996), Ofrendas del asombro (2000), Visiones de sol (2000), Del Amar (2001), Vidrios rotos (2008) y Ella: la palabra (2007), que es el de esta reseña. Dirigió la revista cultural Principia, de la Universidad Centro occidental Lisandro Alvarado (UCLA)  y fue coordinador de la página literaria Diario de Frente. Perteneció a los grupos literarios Cólera, Simbiosis y LEA.

Ella: la palabra, a lo largo de las 67 páginas, nos tienta a oscurecernos en la tinta impresa del poema, en el verbo acorralado del silencio como última herramienta, porque la palabra es autónoma y “Sólo ella puede alimentar los vacíos del alma”, siendo para los ávidos lectores, un bálsamo que potencia sus espíritus creadores, una chispa que recorre las huellas de un bolero escrito a cuatro mujeres, a las oníricas verdades con que el poeta ha construido su laberinto, sabiendo que su vital estancia en la Tierra sería leve, a los pájaros ciegos, cuyo canto le ha encantado a la soledad. En este poemario, la poesía es una mujer amada en sus versos, porque ella sabe donde se oculta  la palabra, que podría estar bailando un blues a las 3 pm en Georgia,  o en tres niños soñando despiertos en los puertos, montañas y ciudades, aventurándose lejana en su querida vida, amando a la palabra, homenajeando a aquellos poetas muertos, que han hecho de los instantes, genialidades que a posteriori han trascendido póstumamente al igual que la de este autor: Víctor Valera Mora, José de Jesús Martínez y Álvaro Montero, a los que les dedica el poema “Todos”.

Orlando Pichardo en este libro, humanizó a la palabra, exaltándola a la categoría femenina, al romanticismo sublime de un enamorado, que ha gozado prolongadamente la vida, sus mejores piezas poéticas estárán inmersas en la piel de su cónyuge: “a Magda/En su piel: mis mejores poemas”. “Hay un desparpajo de vida en todos los instantes”, como él lo escribe,  en “Querida vida”,  y eso es lo que también ha plasmado el barquisimetano en toda su obra poética, un desordenado desparpajo que se ordena al contemplar el horizonte, siendo tierra que crece con la lluvia, recibiendo el mundo ese patrimonio cultural consolidado de Pichardo para todas las generaciones de poetas de ayer y hoy.

A continuación tres poemas de Orlando Pichardo, transcritos de su poemario “Ella: la palabra:

Poesía

Como marinero
vas y vienes
Y yo
como puta de puerto
Te espero

Orlando Pichardo, de Ella: la palabra.

En todo caso

Para qué tener donde caerse muerto?
Lo mejor es no caerse

Orlando Pichardo, de Ella: la palabra.

Huellas

Recorremos las mismas calles
Las huellas ¿cuáles huellas?
Se repiten en el eco de feroces neblinas
La noche,
sudor de piedra,
afila su silencio
y en el desfiladero del tiempo
agotadas presunciones van cayendo
Ciega la humanidad es un revuelco de tropiezos
El hombre pretende emular la muerte
Y con guadaña de odio
Ciega su fugaz instante

Orlando Pichardo, de Ella: la palabra.







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